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300: el imperio de Nishikori

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26 años, 1,78m de altura, número cuatro del mundo, 11 títulos ATP y, desde ahora, 300 victorias a sus espaldas. Un pequeño resumen de una gran carrera, la de Kei Nishikori, un jugador que, a base de constancia y esfuerzo, ha conseguido construir su propio imperio japonés en la cima del tenis profesional.

Tímido fuera de las pistas, en especial ante los micrófonos, pero resuelto y muy atrevido dentro de ellas. Él habla en la cancha, con una raqueta entre las manos. Es ágil sobre la tierra, rápido en pista dura y escurridizo sobre la hierba. El hilo de voz que muestra ante los periodistas se convierte en un feroz rugido en cada golpe, en cada esfuerzo, en cada victoria. Éxitos secundados, además, por un público que, cada vez más, aclama al tenista japonés.

300 veces Nishikori

Un público que ya ha escuchado aquello de “Juego, set y partido para… Kei Nishikori” hasta en 300 ocasiones. Se dice pronto, pero es un número nada despreciable para un jugador que comenzó a despuntar hace unos tres años, cuando ya llevaba seis en el circuito profesional y sus compañeros de promoción ya cosechaban éxitos y levantaban trofeos en torneos importantes.

Pero el nipón nunca se rindió y apostó por convertirse en un atleta de fondo. Aquel que va poco a poco, sin prisa pero sin pausa, que va cogiendo tablas en escenarios cada vez más imponentes y que no se amilana con rivales grandes ni derrotas dolorosas. Un jugador que, sin armar demasiado escándalo, ha conseguido escalar posiciones, una a una y sin grandes estridencias. Un tenista que ha logrado el hito más complicado en esta profesión: mantenerse en lo más alto.

Y es que Nishikori es diferente y la historia así lo refleja. Es el primer japonés en alcanzar el top ten del ranking ATP, una posición que no sólo mantiene desde septiembre de 2014 sino que mejora cada año que pasa. De esta forma, el nipón ha ido escalando puestos, bailando entre las diez mejores raquetas, hasta asentarse en el top 5, concretamente en el número cuatro del ranking mundial.

Un bronce discutido en Río

Cierto es que 2016 no ha sido su mejor año en cuanto a títulos ATP. Únicamente se ha alzado campeón en Memphis, un clásico en su palmarés ya que, con esta última, ha levantado el trofeo hasta en cuatro ocasiones y, además, de manera consecutiva. Números bajos en relación a lo cosechado en 2014 y 2015, temporadas en las que consiguió cuatro y tres títulos respectivamente.

No obstante, cuando las lesiones llaman a la puerta el desenlace siempre es el mismo. Se retiró en Halle por un dolor en las costillas, abandonó en Wimbledon resintiéndose de la misma lesión – también se perdió la edición de 2015 por un problema en el gemelo – y tuvo que decir el adiós más sentido de la temporada, el de Japón, por dolencias en la espalda. De ahí que el curso no haya sido el esperado para el tenista de Shimane que, sin embargo, supo sobreponerse una vez más y se presentó en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro con aires renovados.

El pupilo de Michael Chang se llevó el bronce en un partido épico, y no exento de polémica, ante el español Rafael Nadal. El descanso entre el segundo set, en el que Nishikori podría haber cerrado el encuentro, y el tercero se convirtió en la comidilla de los Juegos. El nipón atravesaba su peor momento – ganaba 5-2 y Nadal logró remontar hasta el 7-6 – por lo que, en el intercambio, acudió al vestuario parando el partido durante 11 minutos, lo que desquició al balear. Maniobra sucia o no, que juzgue cada uno, el japonés se llevó el encuentro y, con él, su primera medalla olímpica. Otro hito más que añadir a la historia de un tenista que todavía tiene una espinita clavada en su carrera tenística: los Masters 1000.

Kei Nishikori celebra su bronce en Rio 2016 | Getty Images

Kei Nishikori celebra su bronce en Rio 2016 | Getty Images

Masters 1000, la asignatura pendiente

Todo no podía ser perfecto. El nipón aún tiene una asignatura pendiente. Dos, si nos ponemos exquisitos: los Masters 1000 y los Grand Slam. Estos últimos, al tratarse de un doctorado, se pueden dejar para cursos venideros, hay que ir paso a paso y primero toca un Masters. Un torneo que, si se atiende a los números, parece que al japonés no se le da demasiado bien.

Tres finales y ningún título. Dos de ellas en 2016, en Canadá y Miami, ante el mismo rival, Novak Djokovic. La tercera, que cronológicamente fue la primera (2014), tuvo lugar en Madrid frente a Rafael Nadal y sería la más dolorosa de todas. Con un marcador de 6-2 y 4-2 a favor y un desparpajo sobre la arcilla que desdibujó al rey de la tierra, el nipón comenzó con problemas en la espalda y calambres en la pierna izquierda y acabó retirándose en la tercera manga.

Objetivo: Londres

Crueles derrotas en grandes torneos que no han hecho más que reforzar la moral de Nishikori, que, tras perder esta semana en París – otro Masters 1000 más que se le escapa –, apunta a un último objetivo esta temporada: Londres. Un escenario, el más imponente del año, que se presenta como un examen final para las ocho mejores raquetas del mundo. Un torneo que el japonés ya ha visitado en dos ocasiones con diferente resultado. Mientras que en 2014, el mejor año de su carrera en base a los números, alcanzó las semifinales, en 2015 no pasó de la fase de grupos, con un balance de dos derrotas y una victoria.

Precedentes que, en este caso, no son referencia para marcar la próxima actuación del nipón en este gran escenario, pero que sí le dan tablas para llegar a Londres con la tranquilidad que a uno le proporciona la experiencia. Sabiendo, además, que este torneo es el premio al esfuerzo y al trabajo realizado durante el año, el reconocimiento a aquel que, a lo largo de la temporada, ha sabido caer y volver a levantarse. Y es que de eso, con las lesiones, sabe mucho el japonés.

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