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29 de mayo de 1994, una noche toledana

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Ante la disparidad de teorías sobre el origen de la expresión que precede estas líneas, sólo se puede afirmar con certeza que quien ha sufrido una noche toledana no ha dormido ni descansado por estar enfermo o preocupado por diversas razones.

La leyenda sitúa este dicho en el año 797, en la llamada Jornada del Foso donde el emir Al-Hakam decidió acabar con las rebeliones del pueblo toledano -siempre insubordinado contra sus opresores- tendiéndoles una trampa. Nombró como gobernador a Amrú, un muladí de su confianza, que pronto se ganó el favor del pueblo escuchando sus deseos para, posteriormente, invitarles a una celebración donde medio millar de personalidades ilustres acabaron degolladas y arrojadas a un foso cavado para la ocasión.

No obstante, ésta no es la única hipótesis. El humanista Gonzalo Correas se centró en la noche de San Juan, quizás la teoría menos fundamentada, en la que se duerme poco con tanto festejo. Mientras que el lexicógrafo Sebastián de Covarrubias sostuvo que dicha expresión hace referencia a la ingente cantidad de mosquitos que sobrevuelan el Tajo en su paso por Toledo, que son de gran tamaño y no dejan descansar a quien lo desea.

Sea como fuere, desde hace veinte años todas estas conjeturas pasaron a mejor vida, pues no ha habido hasta hoy peor noche toledana que la del 29 de mayo de 1994, cuando el CD Toledo, que dos años antes estaba en 3ª, quedó a noventa minutos de 1ª división, a punto de lograr tres ascensos seguidos, todo un hito.

Todo este fulgor del equipo de la ciudad imperial se fraguó en la campaña 91-92 cuando se retornó a 2ªB tras ser campeón de grupo en 3ª y superar al Algeciras en la promoción. Fue una temporada heroica en la que no falló ni Manolo el del Bombo, que dio ambiente al Salto del Caballo, en una iniciativa promovida por la directiva. Los pupilos de Emilio Cruz cerraron un curso pletórico, ganando la Liga en la última jornada al Campillo e imponiéndose en la fase de ascenso al Moralo, Mármol Macael y el citado Algeciras, en el que destacaron el portero Villalbilla, Óscar Engonga, el ariete Paniagua, Dani o Lolo.

Ya de la mano del tándem formado por el presidente Emiliano Carballo y el entrenador Gonzalo Hurtado comenzó la 92-93, la temporada del asalto definitivo a la segunda categoría del fútbol español, división en la que nunca antes había estado y en la que permanecería siete años. Comenzó el curso con fuerza, no perdió por primera vez hasta la jornada 9 y llegó a Navidad como líder. Pese a caer en Copa contra el Alcázar a las primeras de cambio y no mantener el liderato hasta final de temporada, se clasificó para un play-off de ascenso que sería triunfal. Tras apear a Sant Andreu, Jaén y Alavés, el Toledo, reforzado en la medular con el internacional Marina y en la zaga con el joven central Toño Castro (que en paz descanse), lograba ascender por primera vez a la categoría de plata del fútbol español.

Pronto cogería sitio en las posiciones privilegiadas de 2ª en la 93-94 pese a perder en su debut en el Vivero de Badajoz. El conjunto que seguía entrenado por el madrileño Gonzalo Hurtado apuntaló el bloque de 2ªB con los fichajes del delantero Sigüenza, que venía de ascender a 1ª con el Lleida y meter 11 goles, al medio Catali procedente del Queso Mecánico y la cesión en noviembre del lateral ruso Moj, con el que no contaba Camacho en el Espanyol. El mejor Toledo de la historia hizo de su feudo un fortín y sólo cedió ante Espanyol y Hércules, ambos en la segunda vuelta. Además, son recordadas las dos manitas que endosó a Murcia y Palamós, en la segunda y penúltima jornada del campeonato, respectivamente.

toledo valladolid

No obstante, uno de los partidos más recordados fue el que cerraba la liga regular, un 0-1 en el Mini Estadi obra de Pardina que supuso la clasificación para la promoción de ascenso a 1ª, ganándole el goal-average al Mallorca in extremis. El rival fue el Valladolid, que lucharía por no bajar. En la ida salió victorioso el Toledo, en un partido para el recuerdo que sentenció el tanque cacereño Paniagua. Durante la semana del 23 al 29 de mayo de 1994 la ciudad de Toledo protagonizó un sueño de hadas con un terrible final.

Aún resuenan por la ciudad de las tres culturas los apellidos Brito Arceo, árbitro de la fatídica contienda al que los ocho mil toledanos desplazados a Pucela señalaron como gran culpable de una noche aciaga que comenzó de la peor manera posible, pues a los tres minutos el Valladolid igualó la eliminatoria tras un fallo en el saque del portero Villalbilla. Antes del descanso el Toledo reclamó un penalty que el colegiado canario no señaló y acto seguido, con el tiempo cumplido, Juli hizo el segundo del Valladolid. Los toledanos acabaron el partido con cuatro expulsiones (dos jugadores y dos técnicos) y Amavisca aprovechó el caos para firmar el tercero y el cuarto, sus dos últimos goles antes de fichar por el Real Madrid.

El Toledo fue de 1ª durante una semana de ilusión y mantuvo la llama durante casi una parte entera más. Pese a la decepción, seguiría durante seis años dando guerra en 2ª división y disfrutando en sus filas de jugadores de la talla de Jan Urban, el Chino Losada, Emery, Popov o Víctor. En la 99-00 perdió la categoría y emprendió un largo camino por el desierto con la excepción del oasis de la mayúscula eliminación al Real Madrid, vigente campeón de Europa, en Copa del Rey en la 00-01.

Veinte años después de la noche toledana por excelencia, el Toledo cumple su segunda temporada consecutiva en 2ªB (el año pasado quedó apeado en el play-off) y sueña con cambiar, por fin, el significado del famoso dicho popular.

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