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2017 y el retorno del mejor Nadal

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Su cara durante el transcurso del partido lo confirmaba. La rodilla derecha, que ya le hizo renunciar a los cuartos de París-Bercy, seguía sin concederle ninguna tregua. Rafa Nadal se iba a retirar de la Copa de Maestros, ganase o no ante Goffin. No estaba en condiciones físicas para afrontar el torneo que reúne a los ocho mejores con las máximas garantías. Minutos después de su derrota, lo único que hizo fue confirmarlo en rueda de prensa. Tendremos que seguir esperando para nombrar a Nadal como maestro pero probablemente no necesite un título para ser considerado como tal.

Lo intentó todo para despedirse con un triunfo. Estuvo cerca de rozar la heroica ante Goffin. Sin apenas capacidad de movimientos supo salvar cuatro puntos de partido en el segundo parcial. Un primoroso tiebreak le permitió jugarse el encuentro en el tercer set. El puño de Rafa era todo raza y ganas de ganar mientras que su rostro era impotencia por saberse altamente mermado. Apenas podía apoyarse y cada arrancada, aunque nunca rehuía de ella, le hacía sufrir mucho dolor.

Una vez cerrada la temporada tenística para el de Manacor supone un imperativo mostrarle el mayor de los reconocimientos. Si tuviéramos que calificarla sería con una gran puntuación, rozando la matrícula de honor. Ha conseguido incrementar su cifra de Grand Slam de 14 a 16 y también seguir sumando Masters 1000 a su palmarés, categoría en la cual es, junto a Djokovic, el que más ha conseguido. Por encima de todo, y por cuarta temporada en su carrera, acabará el año como número uno mundial.

Arrancó el año disputando el Open de Australia. Verle vencer a rivales como Zverev, Raonic o Dimitrov, permitía dotar de ilusión incluso al mayor pesimista. Nadal alcanzaba una final de Grand Slam tras tres años de larguísima espera. Federer fue el único que pudo pararle pero su nivel hacía presagiar un gran 2017 y, por qué no, ilusionarse con que estaba de vuelta. En los Masters de Indian Wells y Miami, Federer siguió siendo el único capaz de pararle.

En tierra batida mostró esa hegemonía que tuvo desde 2005, donde ganaba casi la totalidad de los torneos que jugaba en albero. En 2015 ese dominio sufrió un parón. Parón que tuvo su fecha de caducidad este curso. Verle coronarse por décima vez en el Conde de Godó y en Montecarlo, y especialmente, en Roland Garros es un récord que nuestros ojos jamás verán superar. Nadal hace cotidiano lo extraordinario.

En Wimbledon, Nadal, en una de sus derrotas más sonadas recientemente, no pudo ante Gilles Muller y continuó con su crisis de resultados en el All England Lawn Tennis and Croquet Club. El bicampeón en tierras londinenses, acumula 6 años sin optar a cosas importantes en uno de sus torneos favoritos. Demasiado tiempo para un jugador que, a buen seguro, volverá a darse esa oportunidad de lograr una tercera copa en el tapete verde.

La gira de verano, le llevó a levantar su tercer US Open, donde destaca con luz propia su enfrentamiento en semifinales contra Del Potro. La “Torre de Tandil” no fue rival suficiente para ganar a un Rafa que jugó, sin ninguna duda, uno de sus mejores partidos del año y que supo reaccionar tras perder el primer set.

Más allá de resultados y centrándonos en su forma de jugar, el Rafa Nadal de 2017 es una de las mejores versiones que se recuerdan del balear. Su saque, buscando mayor potencia, le ha permitido dominar muchos intercambios desde el primer punto. Su revés cruzado ha sido uno de los motivos capitales por los que hoy se pueda hablar de su magnífico nivel. En cuanto a su drive, seguramente el más determinante que ha habido en la historia del tenis, éste ha vuelto a ser ese punzante y lleno de revoluciones que permite desbordar a cualquiera.

Seguramente uno de los puntos a mejorar de cara a la temporada que viene sea su rivalidad con Federer. En los cuatros partidos que se han visto las caras, el suizo ha salido victorioso, mostrándose en la mayoría de ellos intratable. Rafa, como ha demostrado en infinidad de ocasiones, tiene armas para vencerle pero jugar bolas altas al revés ya no es suficiente. Al Federer que dispara sin preguntar y casi siempre con certeza, se le gana sacándole de su zona de confort y negándole que esté en posiciones donde pueda atacar.

Rafa tiene ante sí el reto de mantenerse en el primer escalafón mundial. Su pretemporada tendrá una incidencia capital en la medida que le permita erradicar esta tendinitis que ha arrastrado desde la gira asiática y que hablemos de él sólo en términos tenísticos. Se presenta un 2018 apasionante.

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