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Chile y 2016 ¿feliz fútbol nuevo?

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Cecilia Lagos | Santiago de Chile | El tránsito de 2015 a 2016 es intenso en el fútbol chileno. Campaña electoral, negociaciones entre listas candidatas y clubes, elecciones de nueva directiva el 4 de enero, comienzo del Campeonato de Clausura el 15 de enero y definición de la continuidad de Sampaoli.

Mientras las listas lideradas por Arturo Salah y Pablo Milad aún no tienen garantizado el apoyo que necesitan para ganar -por más que ellos digan lo contrario- el torneo de Clausura 2016 ya tiene sus primeras cuatro fechas programadas porque el show debe continuar y para muchos dirigentes mientras más rápido pase todo y se vuelva a la mediocre normalidad, mejor para ellos. La sensación generalizada es que cualquier cambio que suceda con los nuevos directivos no será ni profundo ni drástico, sino sólo superficial hasta el punto en que no ponga en peligro la libertad de algunos y la supervivencia económica de todos.

Pero uno de los mayores problemas que deberá afrontar la nueva presidencia de la ANFP será convencer a Jorge Sampaoli de permanecer como técnico de la selección chilena. El entrenador argentino está pasando por su mejor momento profesional (campeón de América, ternado como Mejor DT de 2015 en el Balón de Oro, pretendido por varios clubes), pero al mismo tiempo por el más incómodo de su carrera. Sampaoli está molesto por el desorden institucional del fútbol chileno y ha declarado a cuanto medio ha podido que a él no le gusta trabajar así. Aún más enojado está por la filtración del contrato que pactó con Sergio Jadue por los premios de Copa América y porque se supo que sus dineros fueron depositados en la cuenta de una sociedad que abrió en la Islas Vírgenes lo que, aunque los impuestos correspondientes al fisco chileno fueron debidamente pagados, igualmente lo hace aparecer para muchos como un contribuyente de dudosa moralidad. En realidad no debí decir enojado, sino furioso. Una de las condiciones que Sampaoli pretende pedir para continuar en Chile es que su honra al respecto se restituya. Mientras tanto, en Inglaterra dicen que Abramovich lo quiere como reemplazante de Mourinho en Chelsea y tanto disgusto aquí podría ser la excusa perfecta para tomar las maletas y largarse.

El único que podría tener el peso suficiente para convencer a Sampaoli de quedarse es Arturo Salah. Un hombre que, a mi juicio, ofrece la transparencia y confiabilidad necesarias para que el fútbol chileno se estabilice, aunque quienes puedan rodearlo y el Consejo de Presidentes no ofrezcan necesariamente las mismas garantías. De hecho, la voz que corre dice que Sampaoli prefiere y espera una victoria de Salah para renegociar sus términos de estadía. Por lo pronto, ya sabemos que el argentino está esperando los resultados del 4 de eneropara conversar y decidirse.

Pero lo de Sampaoli es sólo una punta de la estrella. Es urgente reformar y jerarquizar el campeonato local, terminar con la absurda calendarización europea, ojalá volver a un formato de campeonato largo, hacer entender a los clubes que mientras sigan pensando y planificando a corto plazo, semestre por semestre, la pobreza deportiva y económica será el único resultado posible. Es prioritario ayudar a los clubes a competir internacionalmente y dejar de hacer el ridículo todos los años quedando casi siempre eliminados en fase de grupos y viendo como cualquier otro, con apenas un poco más, sale campeón. El fútbol no es una fábrica de salchichas y mucho menos los futbolistas son las sobras de las que éstas se hacen, pero los dirigentes se afanan en convencernos de que así lo ven todo. Y mientras esa conciencia no cambie, no importa quien gane las elecciones, todo seguirá igual. ¿Serán capaces de aprovechar la oportunidad? ¿Pueden ver que frente a ellos, y rodeados de todo este caos, se abren infinitas posibilidades para mejorar nuestro fútbol? ¿Pueden ver que si cuidan el espectáculo y también se hacen responsables en la erradicación de la violencia, los estadios volverán a estar llenos? Más profundo aún… ¿serán los dirigentes capaces de volver a manejar el fútbol como una competencia deportiva primero y como industria después? ¿Es que nadie se da cuenta de que si privilegian lo deportivo, el éxito económico es una consecuencia inevitable?

Yo creo que sí. Creo que lo saben, que se dan cuenta, que pueden verlo todo, pero simplemente es más fácil mirar hacia el lado.

 

 

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